Mes de María

2011

 

María
en el Plan de Salvación


Cuarta Semana


Antífonas Marianas

Madre del Redentor,
virgen fecunda, puerta
del cielo siempre
abierta, estrella del mar,
ven a librar a tu pueblo
que tropieza y se quiere
levantar.

Ante la admiración de
cielo y tierra,
engendraste a tu santo
Creador, y permaneces
siempre virgen.

Recibe el saludo del
ángel Gabriel, y ten
piedad de nosotros,
pecadores.

 

¡Oh Señora mía, oh
Madre mía! Yo me
ofrezco todo a ti. Y en
prueba de mi filial
afecto te consagro en
este día mis ojos, mis
oídos, mi lengua, mi
corazón; en una palabra,
todo mi ser. Ya que soy
todo tuyo oh Madre de
bondad, guárdame,
defiéndeme y utilízame
  como instrumento y
posesión tuya.

 

Amén.

Oración Inicial: 

¡Oh María!, durante el bello mes a Ti consagrado, 
todo resuena con tu nombre y alabanza. Tu
santuario resplandece con nuevo brillo, y nuestras
manos te han elevado un trono de gracia y de amor,
desde donde presides nuestras fiestas y escuchas
nuestras oraciones y votos. Para honrarte, hemos
esparcido frescas flores a tus pies, y adornado tu
frente con guirnaldas y coronas. Mas, ¡oh María!,
no te das por satisfecha con estos homenajes. Hay
flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y
coronas que no se marchitan. Éstas son las que Tú
esperas de tus hijos, porque el más hermoso adorno
de una madre es la piedad de sus hijos, y la más
bella corona que pueden depositar a sus pies, es la
de sus virtudes. Sí, los lirios que Tú nos pides son
la inocencia de nuestros corazones. Nos 
esforzaremos, pues, durante el curso de este mes
consagrado a tu gloria, ¡Oh Virgen Santa!, en
conservar nuestras almas puras y sin manchas, y
en separar de nuestros pensamientos, deseos y
miradas aun la sombra misma del mal. La rosa,
cuyo brillo agrada a tus ojos, es la caridad, el amor
a Dios y a nuestros hermanos. Nos amaremos,
pues, los unos a los otros, como hijos de una
misma familia, cuya Madre eres, viviendo todos en
la dulzura de una concordia fraternal. En este mes
bendito, procuraremos cultivar en nuestros
corazones la humildad, modesta flor que te es tan
querida, y con tu auxilio llegaremos a ser puros,
humildes, caritativos, pacientes y esperanzados.
¡Oh María!, haz producir en el fondo de nuestros
corazones todas estas amables virtudes; que ellas
broten, florezcan y den al fin frutos de gracia, para
poder ser algún día dignos hijos de la más Santa y
la mejor de las Madres.

Amén

Oración Final:

¡Oh María, Madre de Jesús, nuestro Salvador y 
nuestra buena Madre! Nosotros venimos a
ofrecerte, con estos obsequios que colocamos a 
tus pies, nuestros corazones deseosos de
serte agradable, y a solicitar de tu bondad un
nuevo ardor en tu santo servicio.
Dígnate a presentarnos a tu Divino Hijo, que en
vista de sus méritos y a nombre de su Santa
Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de
la virtud. Que haga lucir con nuevo esplendor la
luz de la fe sobre los infortunados pueblos que
gimen por tanto tiempo en las tinieblas del
error. Que vuelvan hacia Él, y cambien tantos
corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará
su corazón y el tuyo. Que convierta a los
enemigos de su Iglesia y que en fin, encienda
por todas partes el fuego de su ardiente caridad,
que nos colme de alegría en medio de las
tribulaciones de esta vida y dé esperanzas para
el porvenir.

 

Amén